By David Magallanes • Guest contributor
We are all generally aware that the explosion of AI in our lives represents both a blessing and a threat. Some of the dangers are real, and some are imagined. We might also be conscious of the currently outsized impact that AI is having on white-collar careers such as computer programming.
But whereas the college-bound and college graduates are particularly acutely aware of the disruptive nature of AI, it’s beginning to dawn on many of us that the threat we’re sensing is only the proverbial tip of the iceberg.
Elon Musk, of both Tesla and chainsaw fame, envisions a future that is both fascinating and frightening. He is proposing that human labor be conducted not by human bodies but by humanoid robots. This is more than a mere revolution; it is a true evolutionary leap as well as a profound and fundamental shift in human activity.
Musk predicts that work will be “optional” within only 10 to 20 years. Many of us would live to see that happen. The benefits, says Musk, include an abundance of goods and services, something that is hard to dismiss as trivial because of the implications.
Now, if we could just stop going to war and blowing up each other’s citizens and infrastructure, we could be well situated by the late 2030s to take advantage of this envisioned cornucopia.
Imagine work as a “hobby” that one could choose to do—or not—and live relatively abundantly, regardless. The work that is most abundant throughout the world—that is, work that is boring, repetitive and dangerous—would henceforth be carried out by AI-endowed robots that do not require salaries, vacations, sick leave and other myriad benefits. Factory laborers that once worked by the sweat of their brow would be replaced by mechanical humanoids. Drivers would no longer be needed, just as contemporary computer programmers, accountants and analysts are discovering that many of their skills are rapidly becoming obsolete.
What would humans do, then, if they’re not working? We might like to imagine that we could pursue intellectual and entrepreneurial creativity, but we can also surmise that there will always be those who will find ways to exploit and abuse others.
In an abundantly perfect world, we can visualize an end to the poverty that has plagued societies since the beginning of time. Money as we know it would become less important in our lives as the promised superabundance generated by robots would provide all the medical care, healthy food, and housing that we’ve always needed to allow for a truly satisfying life without the distractions of “survival.”
Of course, there are challenges that we will be forced to face as this future unfolds. This will not be easy. The transition from a world that always worked to a world in which work is optional will be grueling. The specter of mass unemployment looms during this human metamorphosis. Individuals may encounter an existential “crisis of meaning” that can have a profound impact on the human psyche.
But if Musk’s vision is truly prophetic (setting aside for a moment his frequently odious behavior and rhetoric), then we will live in a promised land where we will be “free, free, free at last” from the shackles of labor and at the same time unfettered as we seek a higher purpose for ourselves and all of humanity.
— David Magallanes is a retired professor of mathematics.
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Los Robots Humanoides y el Futuro del Trabajo
Por David Magallanes • Columnista invitado”
Todos somos, por lo general, conscientes de que la explosión de la inteligencia artificial (IA) en nuestras vidas representa tanto una bendición como una amenaza. Algunos de los peligros son reales, y otros son imaginarios. También es posible que seamos conscientes del impacto desproporcionado que la IA está teniendo actualmente en las profesiones de cuello blanco, como la programación informática.
Sin embargo, mientras que aquellos que aspiran a ingresar a la universidad—así como los graduados universitarios— son particularmente conscientes de la naturaleza disruptiva de la IA, muchos de nosotros estamos empezando a darnos cuenta de que la amenaza que percibimos es tan solo la proverbial punta del iceberg.
Elon Musk—famoso tanto por Tesla como por sus motosierras—vislumbra un futuro que resulta a la vez fascinante y aterrador. Él propone que el trabajo humano no sea realizado por cuerpos humanos, sino por robots humanoides. Esto es más que una mera revolución; constituye un verdadero salto evolutivo, así como un cambio profundo y fundamental en la actividad humana.
Musk predice que el trabajo será “opcional” dentro de tan solo 10 a 20 años. Muchos viviremos los suficientes años como para ver que eso suceda. Los beneficios—afirma Musk—incluyen una abundancia de bienes y servicios; algo que resulta difícil de desestimar como trivial, dadas sus implicaciones.
Ahora bien, si tan solo pudiéramos dejar de ir a la guerra y de aniquilar a los ciudadanos y la infraestructura de los demás, podríamos encontrarnos—hacia finales de la década de 2030—en una posición privilegiada para aprovechar esta cornucopia que se vislumbra en el horizonte.
Imaginemos el trabajo como un “pasatiempo” que uno podría elegir realizar—o no—y, aun así, vivir con relativa abundancia. La mayor parte del trabajo en todo el mundo—es decir, aquel que es tedioso, repetitivo y peligroso—sería, de ahora en adelante, realizado por robots dotados de IA que no requieren salarios, vacaciones, bajas por enfermedad ni la miríada de beneficios adicionales. Los obreros de fábrica, que antaño trabajaban con el sudor de su frente, serían reemplazados por humanoides mecánicos. Ya no se necesitarían conductores, del mismo modo que los programadores informáticos, contadores y analistas de la actualidad están descubriendo que muchas de sus habilidades se están volviendo obsoletas a pasos agigantados.
¿Qué harían, entonces, los seres humanos si no estuvieran trabajando? Quizás nos gustaría imaginar que podríamos dedicarnos a la creatividad intelectual y emprendedora; sin embargo, también cabe suponer que siempre habrá quienes encuentren la manera de explotar y abusar de los demás.
En un mundo de perfecta abundancia, podríamos visualizar el fin de la pobreza que ha asolado a las sociedades desde el principio de los tiempos. El dinero, tal como lo conocemos, perdería relevancia en nuestras vidas, dado que la prometida superabundancia generada por los robots nos proporcionaría toda la atención médica, la alimentación saludable y la vivienda que siempre hemos necesitado para llevar una vida verdaderamente plena, libre de las distracciones que impone la “supervivencia”.
Por supuesto, existen desafíos que nos veremos obligados a afrontar a medida que este futuro se despliegue. No será una tarea sencilla. La transición de un mundo en el que el trabajo siempre ha sido la norma a un mundo en el que este sea opcional resultará extenuante. El espectro del desempleo masivo se cierne sobre esta metamorfosis humana. Es posible que los individuos se enfrenten a una “crisis de sentido” de carácter existencial, capaz de ejercer un impacto profundo en la psique humana.
No obstante, si la visión de Musk resulta ser verdaderamente profética —dejando a un lado, por un instante, su comportamiento y su retórica, a menudo detestables—entonces habitaremos una tierra prometida en la que seremos “libres, libres, ¡libres al fin!” de las cadenas del trabajo y, simultáneamente, estaremos despojados de ataduras mientras buscamos un propósito superior, tanto para nosotros mismos como para toda la humanidad.
– – David Magallanes es un profesor jubilado de matemáticas.
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