Bilingual commentary — Beef, Lifestyles, and Life Expectancies

By David Magallanes • Guest contributor

Argentine beef has been in the news a lot lately. President Trump recently issued an executive order allowing more Argentine beef to enter our country tariff-free. Presumably, this is a “win” for U.S. consumers who are agitated about affordability.

However, economists are skeptical. They are saying that the impact on consumer prices will be minimal, given that the tariff-free beef represents not even 1% of the total beef supply. So much for the “win.”

In addition, Midwest farmers are not at all thrilled with this gift to Trump’s friend, Javier Milei, president of Argentina, a flamboyant right-wing populist and libertarian. They see Trump’s directive as a slap in the face and a lack of support for the American beef cattle industry.

As I digested this troubling news (on top of all the other troubling news coming out of the White House lately), I became curious about the level of consumption of beef in Argentina, which is known as a country that loves its beef. I’m told by American travelers that the beef there is quite succulent, and that the chefs there are true rotisseurs when it comes to beef.

Globally, Argentina ranks among the highest in per capita beef consumption annually. Whereas Argentinians were consuming an eye-watering 220 lbs. of beef per year in the 1950s, that figure has deflated to around half of that (110 lbs.) in 2025, but still the highest in the world. Their high rate of inflation has a lot to do with that.

In contrast, the annual rate of beef consumption in the U.S. is about 84 lbs. per capita, which ranks second on the world stage. Compare this with the Democratic Republic of Congo, where the population consumes an average of half a pound of meat per year (the least in the world).

I couldn’t help but wonder if Argentinians, being the champion beef eaters that they are, suffered a higher rate of heart disease and other maladies than Americans. After all, the traditional health gurus had been telling us for decades that dedicating too much of our diet to red meat was a recipe, so to speak, for high rates of heart disease and cancer. But as it turns out, Argentina’s mortality rate (approximately 77 years) is roughly equivalent to that of the U.S. Why is the mortality rate for Americans not considerably lower if we eat so much less beef than the Argentinians?

There are numerous factors regarding life in the U.S. involved in that conundrum, but here are a few of them for us to ponder:

  • Drug overdoses
  • Obesity and overall diet
  • Deficiencies in our healthcare system
  • Socioeconomic inequality
  • Proliferation of firearms

We live in a great country with so much potential, but we have some work to do in these areas. Our political fights are not helping. Meanwhile, we as individuals can do whatever is within our means to lead a healthy lifestyle. We can strive to live prudently, rather than recklessly, and give ourselves a shot at a long, healthy life.

— David Magallanes is a retired professor of mathematics.

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Carne de Res, Estilos de Vida y Esperanza de Vida

Por David Magallanes • Columnista invitado

La carne argentina ha sido noticia últimamente. El presidente Trump emitió recientemente una orden ejecutiva que permite el ingreso de más carne argentina a nuestro país libre de aranceles. Presumiblemente, esto representa una “victoria” para los consumidores estadounidenses, preocupados por la asequibilidad.

Sin embargo, los economistas se muestran escépticos. Afirman que el impacto en los precios al consumidor será mínimo, dado que la carne libre de aranceles no representa ni siquiera el 1% de la oferta total de carne. ¡Menuda victoria!

Además, los ganaderos del Medio Oeste no están nada contentos con este regalo al amigo de Trump, Javier Milei, presidente de Argentina, un extravagante populista de derecha y libertario. Consideran la directiva de Trump como una bofetada y una falta de apoyo a la industria ganadera estadounidense.

Mientras yo asimilaba esta preocupante noticia (además de todas las demás noticias preocupantes que han salido de la Casa Blanca últimamente), me picó la curiosidad por el nivel de consumo de carne en Argentina, un país conocido por su amor por la carne. Los viajeros estadounidenses me dicen que la carne de res allí es bastante suculenta y que los chefs son verdaderos rotisseurs.

A nivel mundial, Argentina se encuentra entre los países con mayor consumo anual de carne de res per cápita. Mientras que los argentinos consumían la impresionante cantidad de 100 kg de carne de res al año en la década de 1950, esa cifra se ha reducido a aproximadamente la mitad (50 kg) en 2025, pero sigue siendo la más alta del mundo. Su alta tasa de inflación tiene mucho que ver con esto.

En contraste, la tasa anual de consumo de carne de res en Estados Unidos es de aproximadamente 39 kg per cápita, lo que la sitúa en el segundo lugar a nivel mundial. Compárese esto con la República Democrática del Congo, donde la población consume un promedio de 0.23 kg de carne al año (la menor del mundo).

No pude evitar preguntarme si los argentinos, siendo los campeones consumidores de carne de res que son, sufrían una mayor tasa de enfermedades cardíacas y otras dolencias que los estadounidenses. Después de todo, los gurús tradicionales de la salud nos han estado diciendo durante décadas que dedicar una parte excesiva de nuestra dieta a la carne roja era, por así decirlo, una receta para altas tasas de enfermedades cardíacas y cáncer. Pero resulta que la tasa de mortalidad de Argentina (aproximadamente 77 años) es aproximadamente equivalente a la de Estados Unidos. ¿Por qué la tasa de mortalidad de los estadounidenses no es considerablemente menor si comemos mucha menos carne de res que los argentinos?

Existen numerosos factores relacionados con la vida en Estados Unidos que influyen en este dilema, pero aquí hay algunos para que reflexionemos:

  • Sobredosis de drogas
  • Obesidad y dieta en general
  • Deficiencias en nuestro sistema de salud
  • Desigualdad socioeconómica
  • Proliferación de armas de fuego

Vivimos en un gran país con mucho potencial, pero tenemos trabajo por hacer en estas áreas. Nuestras luchas políticas no ayudan. Mientras tanto, como individuos, podemos hacer lo que esté a nuestro alcance para llevar un estilo de vida saludable. Podemos esforzarnos por vivir con prudencia, en lugar de con imprudencia, y darnos la oportunidad de tener una vida larga y saludable.

– – David Magallanes es un profesor jubilado de matemáticas.

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