Bilingual commentary — More Masculinity—As If We Didn’t Have Enough Already

By David Magallanes • Guest contributor

More In Common US, a nonpartisan nonprofit that studies the roots of division in our society, recently interviewed 10,000 Trump voters over 10 months. The result was an eye-opening “Beyond MAGA” report that shed light on Americans’ attitudes regarding patriarchy and women. 

Almost 50% of members of Gen Z who took the survey want Trump to serve a third term. That the Constitution prohibits this authoritarian maneuver doesn’t appear to dissuade them.

Furthermore, a disheartening 26% of young Trump voters believe that “men should lead, and women should follow,” an outlook that appears to be fueled by the “trad wife” movement, which encourages women to marry into a “traditional” lifestyle that diminishes their autonomy and relinquishes them to subservient roles in service to their husbands. The “pronatalist movement,” encouraged by Vice President J.D. Vance, likewise promotes traditional “family values” that regard women as the means by which these traditional families will numerically flourish.  

Young, male Trump supporters are especially susceptible to the testosterone-suffused pontificating by misogynistic right-wing podcasters who exhort young men to assert their masculinity and “control” women. In many cases, young men are taught to condescend to women. In more extreme cases, men are being trained to hate women and to make them the focal point of their male rage.

In recent elections, we’ve seen that we are still not ready for a female president. The vitriol unleashed against Hillary Clinton and Kamala Harris makes it clear that the mistrust and condescension toward women is still white-hot in our society. 

Out of 195 recognized countries in the world, 10 are headed by female presidents, and five women are prime ministers. That’s not a high percentage for women, but here in the U.S., a superpower and highly developed country, a woman aspiring for the presidency faces an apparently insurmountable gauntlet of abuse and outright hatred. Mexico, our southern neighbor, until recently governed by a hopelessly patriarchal establishment, now has a female president who is principled, articulate, effective, and highly respected. We, on the other hand…no, I best not digress here.

Studies have shown that societies governed by women enjoy concrete benefits. Women are much more acutely attuned to issues involving healthcare, education, and societal welfare than men are. Because women are often responsible for the care of others, they tend to focus on these matters much more than their male counterparts. Meanwhile, in our society, we are witnessing relentless attacks on health, education, science, and societal welfare. 

Likewise, as natural nurturers, women are less likely to engage in swaggering threats and warfare. Women are naturally more collaborative and inclusive than men, which results in more stable and prosperous societies.

The last thing we need in this country is a more virulent, patriarchal template for leadership. We elevate male leadership and disparage female political potential at our own risk. Let’s keep this in mind as the 2026 and 2028 elections approach.

— David Magallanes is a retired professor of mathematics.

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Más Masculinidad…Como Si No Tuviéramos Suficiente Ya

Por David Magallanes • Columnista invitado

More In Common US, una organización sin fines de lucro no partidista que estudia las raíces de la división en nuestra sociedad, entrevistó recientemente a 10,000 votantes de Trump durante más de 10 meses. El resultado fue un revelador informe titulado “Más Allá de MAGA” que arrojó luz sobre las actitudes de los estadounidenses con respecto al patriarcado y las mujeres.

Casi el 50% de los miembros de la Generación Z que participaron en la encuesta quieren que Trump cumpla un tercer mandato. Que la Constitución prohíba esta maniobra autoritaria no parece disuadirlos.

Además, un desalentador 26% de los jóvenes votantes de Trump cree que “los hombres deben liderar y las mujeres deben seguir”, una perspectiva que parece estar impulsada por el movimiento “esposa tradicional”, que anima a las mujeres a casarse y adoptar un estilo de vida “tradicional” que disminuye su autonomía y las relega a roles de sumisión al servicio de sus maridos. El “movimiento pronatalista”, impulsado por el vicepresidente J.D. Vance, también promueve los “valores familiares” tradicionales que consideran a las mujeres como el medio por el cual estas familias tradicionales prosperarán numéricamente.

Los jóvenes seguidores de Trump, especialmente los hombres, son particularmente susceptibles a la retórica cargada de testosterona de los podcasters misóginos de derecha que exhortan a los jóvenes a afirmar su masculinidad y a “controlar” a las mujeres. En muchos casos, se les enseña a los jóvenes a ser condescendientes con las mujeres. En casos más extremos, se les está adoctrinando para que odien a las mujeres y las conviertan en el blanco de su ira masculina.

En las elecciones recientes, hemos visto que todavía no estamos preparados para una presidenta. La virulencia desatada contra Hillary Clinton y Kamala Harris deja claro que la desconfianza y la condescendencia hacia las mujeres siguen muy presentes en nuestra sociedad.

De los 195 países reconocidos en el mundo, 10 están gobernados por presidentas y cinco por primeras ministras. No es un porcentaje alto para las mujeres, pero aquí en Estados Unidos, una superpotencia y un país altamente desarrollado, una mujer que aspira a la presidencia se enfrenta a una barrera aparentemente insuperable de abusos y odio absoluto. México, nuestro vecino del sur, gobernado hasta hace poco por una élite irremediablemente patriarcal, ahora tiene una presidenta con principios, elocuente, eficaz y muy respetada. Nosotros, en cambio…no, sería mejor que no me desviara del tema.

Los estudios han demostrado que las sociedades gobernadas por mujeres disfrutan de beneficios concretos. Las mujeres están mucho más atentas a los temas relacionados con la salud, la educación y el bienestar social que los hombres. Dado que a menudo son responsables del cuidado de los demás, tienden a centrarse en estos asuntos mucho más que sus homólogos masculinos. Mientras tanto, en nuestra sociedad, estamos presenciando ataques implacables contra la salud, la educación, la ciencia y el bienestar social.

Asimismo, como cuidadoras por naturaleza, las mujeres son menos propensas a recurrir a amenazas y a la guerra. Las mujeres son naturalmente más colaborativas e inclusivas que los hombres, lo que da como resultado sociedades más estables y prósperas.

Lo último que necesitamos en este país es un modelo de liderazgo patriarcal aún más virulento. Subestimamos el potencial político de las mujeres y sobrevaloramos el liderazgo masculino, lo cual representa un grave riesgo. Tengamos esto en cuenta a medida que se acercan las elecciones de 2026 y 2028.

– – David Magallanes es un profesor jubilado de matemáticas.

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