Bilingual commentary — Making America Lose the Race

By David Magallanes • Guest contributor

Imagine a government that insists that we make America great again by driving updated, fancy versions of 1950s vehicles. By sabotaging the push to convert our transportation to electric-powered vehicles, the current administration in Washington, D.C., has, in effect, handed the keys of a prosperous kingdom to international competitors. 

Electric vehicles (EVs) are not just a “green fad” dreamt up by radical liberals. While the U.S. demurs, the rest of the world realizes that the future of the planet, and of industry, rests on its ability to advance in the production of reasonably priced EVs for the masses.

Signed into law on July 4, 2025, the “One Big Beautiful Bill Act,” in effect, signaled to Detroit that the drive (no pun intended) to develop efficient, far-less polluting vehicles was unnecessary and counterproductive. Fuel economy standards were effectively gutted by reducing penalties for noncompliance to zero. The Trump administration attempted to justify its decisions by claiming that families would now save a collective $1.3 trillion as they went out buying new cars with fewer restrictions on their ability to pollute. 

However, the government’s own Environmental Protection Agency (EPA) threw cold water on that assessment by admitting that, while there may be initial savings, they would be more than overshadowed by an approximately $1.5 trillion increase in costs associated with operating gas-guzzling vehicles, such as fuel, repair, maintenance, traffic congestion and noise through 2055. 

This is like saving money by refusing to change the oil in the car and performing other periodic maintenance, only to face spiraling costs down the road (so to speak).

So much for “government efficiency.”

At some point, American industry will look around and ask, “Where is everybody?” While the U.S. endeavors to make fossil fuels great again, the rest of the world understands the exigency of pursuing a green future and marches on to a competitive and profitable future. Other entities, notably Europe and China, clearly see the future, and their vision does not include cars at the gas pump. They fully comprehend that “drill, baby, drill” is not a judicious formula for success in a world that is waking up to the perils of inefficiency and climate change.

The current administration claims to want to create jobs, but all those “battery belt” jobs that were shaping up between 2021 and 2024 are vanishing before our eyes while Ford, General Motors, et al., return to manufacturing vehicles that the rest of the world is eschewing at a faster and faster rate. 

Meanwhile, many of us who took advantage of the $7,500 tax credit before it expired last September drive merrily past the gas stations advertising prices that appear headed for $8.00 per gallon in California. And therein lies the problem for American consumers who drive gas vehicles. They remain tethered to the whims and fluctuations of the oil market, especially as the volatile Middle East continues to boil over into conflict and retribution every couple of years. 

I remember a time when the U.S. led the world in medical science, space exploration, and manufacturing. We had leaders who were visionaries and listened and paid heed to their advisers. This is no longer the case. 

In the late 1960s, we were declared the winner of the Space Race. But now, thanks to blinding short-sightedness, we are facing the specter of lost opportunity and, more grimly, accelerating climate change.

— David Magallanes is a retired professor of mathematics.

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Haciendo que Estados Unidos Pierda la Carrera

Por David Magallanes • Columnista invitado

Imagínese un gobierno que insiste en que hagamos a Estados Unidos grande de nuevo conduciendo versiones actualizadas y lujosas de los vehículos de la década de 1950. Al sabotear el impulso para convertir nuestro transporte a vehículos de propulsión eléctrica, la actual administración en Washington, D.C., ha entregado, en efecto, las llaves de un reino próspero a sus competidores internacionales.

Los vehículos eléctricos (VEs) no son solo una “moda ecológica” ideada por liberales radicales. Mientras Estados Unidos se muestra reticente, el resto del mundo comprende que el futuro del planeta, y el de la industria, descansa en su capacidad para avanzar en la producción de vehículos eléctricos a precios razonables para las masas.

Promulgada como ley el 4 de julio de 2025, la Ley de la Gran y Hermosa Iniciativa (“One Big Beautiful Bill Act”) señaló a Detroit que el impulso para desarrollar vehículos eficientes y mucho menos contaminantes resultaba innecesario y contraproducente. Los estándares de eficiencia de combustible fueron, en la práctica, desmantelados al reducir a cero las sanciones por incumplimiento. La administración Trump intentó justificar sus decisiones alegando que las familias ahorrarían ahora un total colectivo de 1.3 billones de dólares al salir a comprar coches nuevos con menos restricciones en su capacidad de contaminar.

Sin embargo, la propia Agencia de Protección Ambiental (EPA) del gobierno descartó esa evaluación al admitir que, si bien podría haber ahorros iniciales, estos se verían más que eclipsados ??por un aumento de aproximadamente 1.5 billones de dólares en los costos asociados a la operación de vehículos devoradores de combustible—tales como carburante, reparaciones, mantenimiento, congestión del tráfico y ruido—de aquí al año 2055.

Esto equivale a ahorrar dinero negándose a cambiar el aceite del coche y a realizar otros mantenimientos periódicos, solo para enfrentarse a costos desbocados más adelante.

Hablando de “eficiencia gubernamental”…

En algún momento, la industria estadounidense mirará a su alrededor y preguntará: “¿Dónde está todo el mundo?”. Mientras Estados Unidos se esfuerza por hacer que los combustibles fósiles vuelvan a ser grandes, el resto del mundo comprende la gran necesidad de perseguir un futuro ecológico y avanza hacia un porvenir competitivo y rentable. Otras entidades, notablemente Europa y China, ven con claridad el futuro, y su visión no incluye coches en las gasolineras. Comprenden plenamente que la extracción de petróleo no es un procedimiento sensato para el éxito en un mundo que está despertando ante los peligros de la ineficiencia y del cambio climático. 

La administración actual afirma querer crear empleos; sin embargo, todos esos puestos de trabajo del “cinturón de las baterías”—que estaban tomando forma entre 2021 y 2024—se están desvaneciendo ante nuestros propios ojos, mientras Ford, General Motors y otras compañías regresan a la fabricación de vehículos que el resto del mundo está rechazando a un ritmo cada vez más acelerado.

Mientras tanto, muchos de nosotros—que aprovechamos el crédito fiscal de 7,500 dólares antes de que expirara el pasado septiembre—pasamos alegremente frente a las gasolineras que anuncian precios que, en California, parecen encaminarse hacia los 8 dólares por galón. Y ahí radica el problema para los consumidores estadounidenses que conducen vehículos de gasolina: permanecen atados a los caprichos y las fluctuaciones del mercado petrolero, especialmente a medida que el volátil Oriente Medio continúa estallando en conflictos y represalias cada par de años.

Recuerdo una época en la que Estados Unidos lideraba el mundo en ciencias médicas, exploración espacial y manufactura. Teníamos líderes que eran visionarios, que escuchaban a sus asesores y prestaban atención a sus consejos. Ese ya no es el caso.

A finales de la década de 1960, fuimos declarados vencedores de la carrera espacial. Pero ahora, debido a una cegadora miopía, nos enfrentamos al espectro de la oportunidad perdida y, lo que resulta aún más sombrío, a un cambio climático acelerado.

– – David Magallanes es un profesor jubilado de matemáticas.

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